martes, 25 de noviembre de 2014

Capítulo II: "¿Irás al baile conmigo?".


—Hola —saludó con una voz gruesa y varonil—, Azul, ¿no?
—Hola —murmuré y le sonreí. Odiaba ser encantadora, ellos siempre lo tomaban como mi forma de coquetear; pero no podía evitarlo, era un ángel de amor y belleza—. Sí, soy yo. Ella es Emma, mi amiga —Emma parecía ni siquiera escucharnos.
—Es un gusto —me aseguró—, soy Manuel.
—Siéntate —le ofrecí. Él lo hizo ágilmente sentándose al lado de Emma, frente a mí. Emma le sonrió algo cínica y regresó a su lectura.
—¿Ella está así siempre? —preguntó por mi amiga.
—Es un caso perdido —Emma me dedicó una mirada asesina por sobre su libro. Le sonreí angelicalmente, pero con ella no funcionaba.
—Cierra la boca, arcoíris —fruncí el ceño, Manuel me sonrió.
—Tus ojos son más lindos de cerca —Emma sonrió sin despegar su vista del libro, supuse que imaginaba mi cara roja como mi cabello—, y no estoy coqueteando, pero enserio, son increíblemente verdes.
—Sí, lo sé —y lo odio—. Todos dicen lo mismo —intenté no sonar egocéntrica, solo lo dije como un comentario.
—¡Manuel, tío! Estaba buscándote —exclamó un muchacho sentándose a mi lado con extrema confianza. Lo miré y casi caí desmayada al ver que era el chico lindo que vi subir al bus por la mañana. Se veía demasiado angelical, pero no sentía nada celestial provenir de su interior, me decepcioné pero la inquietud se quedó allí, ¿por qué era tan perfecto?
—Sí, vi a las chicas muy solas y decidí venir —Emma estaba absorta en su libro.
—Hola, es un gusto —sonrió el muchacho mirándome—. Soy William, pero todos me dicen Will.
—Soy Azul —me presenté. Era realmente hermoso.
—Y todos le decimos arcoíris por su mezcla de colorido —canturreó Emma sin dejar de leer, fruncí el ceño recordando cuanto odiaba a mi papá por llamarme así delante de Emma.
—Ella es mi jodida amiga, Emma —le informé.
—Lo sé, se sienta conmigo en literatura —aseguró Will mirándola divertido, ella no se molestó en dejar de leer.
—Y con Manuel no dejan de torturarme por no parar de leer —aseguró Emma—. Son dos desquiciados.
—Ella jamás lo deja —afirmó Manuel entre risas, le sonreí.
—Dímelo a mí —farfullé.
—¿Van al baile de bienvenida este sábado? —preguntó Manuel cambiando el rumbo de la conversación.
—Ni siquiera lo sueñes —habló Emma antes de pensar algo—. Desde que terminaron las clases vienes siguiéndome —lo miró—. He dicho que no.
—¡Qué carácter! —exclamó Manuel mientras Will y yo intentábamos no reír a carcajadas. Emma tenía su temperamento y muchas veces, en su mayoría, era gracioso verla enfadarse.
—No te soporto, tío —le aseguró mi amiga—. Ya dije, la respuesta es no.
—Bien, ¿y tú, Azul? —miré a Will sintiendo mi estómago salirse por mi boca, ¿de qué hablaba?— ¿Dirás que soy un desquiciado como Emma y no irás conmigo? ¿O me dejarás ser el afortunado que te lleve al baile? —mi corazón amenazaba con salirse de mi pecho. Sonreí nerviosa y miré a Emma, ella estaba mirándome con curiosidad. Jamás, nunca, nadie me invitó a un baile en mi antigua escuela.
—Bueno… —carraspeé—, sinceramente no sé qué decir —me sinceré.
—Di que sí —me sugirió divertido—. Prometo que Manuel llevará a Emma al baile —mi amiga lo fulminó con la mirada.
—¿Cómo haré eso? —preguntó desconcertado su amigo, Will lo miró frunciendo el ceño.
—Tienes cuatro días y medio para lograr que Emma deje de pensar que eres un acosador desquiciado —le informó William—. Debes pensarlo bien.
—¡Demonios! —protestó Manuel pensativo.
—Ni lo pienses —escupió Emma—. Debe ser demasiado bueno para que te diga que sí, tengo la vara muy alta.
—¿Estás retándome, Smith? —cuestionó Manuel.
—Tómalo como quieras, Rogers —le respondió mi amiga.
—Bien… —insistió William mientras los demás peleaban—, ¿qué me dices, Azul? ¿Aceptas?
—Solo si Emma acepta a Manuel —respondí—. Si ella no va, yo tampoco —Will sonrió.
—Hecho —aceptó—. Pasaré el sábado por ti a las 06:30 p.m., de todas formas, deberé hablarte antes, por lo de nuestros amigos —quienes seguían absortos en una discusión algo absurda, pero divertida—. Además, quiero combinar.
—¡Qué gay! —se burló Manuel. William fruncí el ceño.
—Lo lamento por querer verme bien —Emma soltó una carcajada.
—Enséñale a él, por favor —se refirió a Manuel.



Terminamos el almuerzo envueltos en discusiones estúpidas entre Emma y Manuel, realmente, era muy gracioso verlos discutir. Tomé mis siguientes clases (Inglés avanzado y luego Contabilidad), para regresar a casa sobre las 04:00 p.m.



—Hola —saludé entrando.
—Hola, nena —habló mamá— ¡Estoy en la cocina!
—¿Qué haces, mamá? —pregunté alegremente entrando a la cocina.
—Muffins —volteó y sonrió—, ¿qué tal tu día?
—Nada emocionante —me encogí de hombros—. Clases, clases, clases.
—Cenaremos con unos socios de papá —me informó—. Vendrán sobre las 07:00, así que quiero que estés lista —asentí mientras ella me sonreía.
—¿Quiénes son? —pregunté curiosamente.
—No lo sé —me respondió ella pacíficamente mientras regresaba a su labor en la mesada de la cocina—, pero sabes como es tu padre, él quiere cumplir y ser amable con todos.
—Un ángel —aseguré divertida—. Lo sé. Papá es demasiado bueno.
—Como tú, como yo, como cualquier ángel. No podemos ser otra cosa, lo sabes —sí, eso sí lo sabía.
—Quizás vaya el sábado al baile de bienvenida —cambié de tema—. Unos chicos nos invitaron a Emma y a mí.
—¿Quiénes? —preguntó mamá curiosamente— Eres nueva en el colegio, creí que no irías. Siempre has sido un poco tímida.
—Bueno, soy un imán de chicos —ella rió, lo sabía—. Manuel, invitó a Emma y William a mí. No los conocemos, por eso aún no dijimos que sí, pero son agradables y lindos —en especial William, era casi tan irreal como yo.
—¿Eres un imán de chicos, Azul? —preguntó mamá.
—Y lo odio, mucho —le informé—. No sé qué ven en mí, pero allí están. Y me pasó siempre. Me miran como un trozo de carne exquisito —mamá comenzó a reírse.
—¿Carne exquisita? —preguntó entre risas, solté una pequeña risa también.
—Emma dijo eso —ella no paraba de reír—. Esa muchacha está mal.
—Eres un ángel, Azul —me recordó mamá—. Y estás libre, no tienes misión. Eres alcanzable para cualquiera de ellos, casi los hechizas sin siquiera ser consciente de ello —era horrible—. Pero pronto obtendrás tu misión y eso cambiará. Te atarán a alguien, no enamorándote, si no que todos los hombres dejarán de verte alcanzable. Solo algunos con un aura similar al tuyo podrán intentar tenerte y créeme que el círculo será pequeño —sonreí añorando que eso pasara.
—¿Cuál crees que será mi misión, mamá? —jamás me había preguntado eso, mucho menos a ella, pero cuando el tiempo comenzaba a acabarse -como ahora- de seguro era natural cuestionarse cosas así.
—No lo sé, Azul —me respondió dándose vuelta a mirarme—. Pero es cuestión de reglas. No te pondrán en medio de un conflicto, ni cosas así. No es tu misión. Probablemente, debas proteger a alguien de algo o cosas así, pero créeme, es difícil saber cuál es la misión que va a tocarte.
—Nunca me has dicho cómo te dicen la misión —o al menos, no lo recordaba.
—Quizás tengas visiones o sueñes cosas extrañas que sabrás que tienen que ver con la misión, eso pasa generalmente, pero cuando naces de dos ángeles muchas veces son más claros y explícitos —temas de jerarquías, quizás—. Una carta, una aparición. Algo simple y claro.
—¿Por qué? —pregunté curiosamente— ¿Por jerarquía?
—No, en realidad, es por tradición —arqueé una ceja, pero no hablé—. Antes se creía que un ángel procedente de dos ángeles, creaba una nueva categoría. Por ende, tenía misiones específicas. Algo así como que las misiones difíciles eran para los hijos de ángeles, es decir ángeles puros. Pero eso ya no es así, no hay nuevas categorías —me explicó mamá.
—Entonces debo estar atenta a mis sueños —murmuré pensativa, uniendo lazos.
—No,  no en realidad —me corrigió mamá—. Solo debes seguir normal, cuando el momento llegue, lo sabrás. Te lo aseguro —me sonrió y volteó a su trabajo, otra vez.
—Iré a hacer mi tarea de historia —le anuncié poniéndome de pie—. Bajaré para la cena.
—Baja antes de las 07:00 p.m., por favor —me pidió mamá.

—Vale —murmuré dirigiéndome a las escaleras.

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